Que sí, que sí, que os tengo abandonaítos. Pero es que no sabéis como ha sido esta semana de reentré postvacacional (y lo de las vacaciones, vamos a dejarlo, porque no acabaríamos).
No me preguntéis. No tengo ni idea de qué ha cambiado, ni por qué en este momento. Lo cierto es que, de la noche a la mañana, me he topado con todas esas oportunidades de desarrollo profesional con las que sólo fantaseaba.
Ha aparecido el dinero y la ayuda necesaria, me he cruzado casualmente con las personas adecuadas, ha surgido el tema en sitios inesperados… Y así, de golpe y porrazo, veamos:
- Estoy inscrita en un curso de seis meses que me va a dar un título para enseñar Español como Lengua Extranjera a través de cursos on-line, a distancia o semipresenciales. Objetivo: cobrar trabajando desde casa. De miedo.
- Este verano cuento con tener ya el CAP y, con él, se me abrirán nuevas puertas. Como las de una escuela dedicada a formar al personal de las empresas de la región. Necesitan urgentemente a un profesor de Español de los Negocios. Clases en horas decentes, mientras mis niños estén en el jardín de infancia. Bieeeeennn…
- El jueves me llamaron para una entrevista de trabajo en una academia diferente de “la mía”. Para un curso intensivo para adultos. Y, aunque comenzaron ofreciéndome poco dinero, cuando les expuse mis planes y mi forma de trabajar (bastante innovadora), se les pusieron los ojos como platitos y me dijeron que casi seguro que me llamaban (al precio que yo pedía). Y me tiraron los tejos en relación a un posible curso a niños de preescolar. Tal vez les dé miedo tener inflitrado a alguien de la competencia (mucho más fuerte). O tal vez no. Me encantó el local. Un chalet decorado al gusto infantil: con jardín, mucho colorido y muebles de IKEA. Y las dueñas, dos mamás recientes, como yo. Buen rollito. Ya veremos…
- Ese mismo día, me llamaron dos posibles clientes para una traducción (algo que sucede muy de pé a pá). El lunes, más datos.
- El viernes, almorzando con mi jefa, aprovecho la ocasión para comentarle que me he visto forzada a buscar un trabajo complementario mientras no tenga más alumnos (sólo a partir de julio), ya que lo que gano ahora sólo da para pagar los impuestos y la gasolina. Le veo en la cara una expresión de “Ésta se me va, nooooo…” y me ofrece ampliarme el sueldo hasta entonces si me hago cargo de la preparación de la plataforma de e-learning que planea montar en breve, entre otras tareas de tipo informático (mantener sanitos los ordenadores de mis colegas, enseñarles truquis para que no se pasen la vida llamando al técnico y, planeo yo, crear blogs temáticos de la academia, divulgar los cursos por email y en determinados sites, etc.). Vamos, que me pagaría por pasarme una serie de horas dedicada a mi hobby nº1, jejejeje… GUAY. Espero que el dinero dé para pagarme un gimnasio, porque con tantas horas sentada… menudo culo se me va a poner… jajaja… (si es que es posible ir a mas…)
- El colmo: ayer llevo a Alex a la fiesta de cumpleaños de una de las niñas de su clase y allí, en medio del griterío de todos sus amiguitos, pidiéndome que les hinchara otro globo, y otro, y otro… entablo conversación con una psicóloga, que acaba revelando una vida com muchos puntos en común conmigo y que, oh, maravilla, resulta que trabaja en ese colegio pija que abrieron hace un par de años. Yo odio los uniformes, el clasismo, la disciplina, la competitividad y hasta el lenguaje que se usa en ese tipo de centros pero, para qué negarlo, está tan cerca de casa que en más de una ocasión he declarado abiertamente que me vendría de perlas que esos padres que pretenden que sus hijos sean unos monstruitos sabelotodo con 6 años, convencieran a la dirección de que tiene que meter el español, porque lo del inglés desde los 4 años ya roza lo vulgar y hay que desmarcarse de lo que ya se enseña en la pública. Empezamos hablando de sus ex latinoamericanos y de nuestros viajes, y la cosa acabó centrada en nuestro pasado profesional (las dos, dentro del area forense) y del giro que le habíamos dado a nuestras vidas por el bien de nuestros hijos. Parecía que hubiéramos estado destinadas a conocernos. Entonces oí las palabras mágicas (”me tienes que enviar tu CV y vemos si puedes trabajar con nosotros”). No me lo podía creer…
Ya os había contado que tengo una caja donde meto los recortes de las cosas que quisiera vivir, conocer, en las que querría trabajar? La teoría es que eso ayuda a atraerlas a tu vida. Hoy he confirmado lo que recordaba vagamente. Entre esos papeles había un anuncio del colegio privado, otro de un programa para el CAP, otro de un artículo donde se entrevistaba a las dueñas de la academia de lenguas rival y una cantidad: 3000 €. Fue la primera que se me vino a la mente cuando me hice la pregunta de cuánto quería ganar al mes. Y lo que es más difícil, ello, sin renunciar a mi vida familiar, ni a tener tiempo para mí; con un horario flexible y variable a lo largo del año. Porque la monotonía me mata.
Estoy muy lejos aún, pero, poco a poco, se van sumando piezas al puzzle de mi futuro ideal. Siento que, en lo profesional, tras encontrar mi camino, al fin lo estoy viendo materializarse ante mis ojos. Es el momento de invertir, prepararse, apostar fuerte, construir proyectos arriesgados, innovadores, únicos. El reto, mi asignatura pendiente, es saber organizarse. No perderse. No dejar atrás tu entusiasmo por una sobrecarga de actividades. No conformarse con lo primero que te ofrecen, si pone en peligro cosas que valen más que cualquier logro profesional o económico. Porque hacerlo sería la prueba de que no has aprendido nada. La vida te llevaría a repetir curso. A pasar por lo mismo de nuevo.
No me cansaré de repetirlo: la ley de la atracción funciona. Creed en ella y haced realidad vuestros sueños. Todo es posible. No hay límites. Leed sobre el tema. Dejad el escepticismo racional a un lado y escuchad a vuestro corazón. Preguntadle qué querríais estar haciendo en este momento. En qué os gustaría trabajar. Qué tipo de personas queréis tener alrededor. Imaginaos disfrutando de todo eso como si ya fuera vuestro. Hablad de ello como de un hecho.
Eso hizo mi hermano pequeño en relación a un coche. En Semana Santa, se llevó a Sevilla los catálogos del modelo que le gustaba y nos habló de él con la pasión con que un futuro padre te comenta las ecografías de su retoño. El Universo captó el mensaje. Un par de semanas después se cruzaba con el coche, nuevo, en un stand, rebajado considerablemente por haber sido utilizado en una campaña publicitaria. El precio se correspondía exactamente con la cantidad de que disponía. Y aún nos llamó para consultarnos si debía comprárselo o no. Qué tontín!
Mientras escribo estas líneas él debe de estar deslizándose suavemente por la autopista Badajoz-Madrid. Con la música de su Ipod de banda sonora. A la temperatura perfecta. Feliz, feliz, como un crío en un 6 de Enero.
ACTUALIZACIÓN: Me han llamado para dar el curso intensivo de 10 horas!! Eso multiplicará mi minisueldo actual por dos. No está mal para comenzar…