Arrieritos somos… Domingo, 29 Abril, 2007
Posted by aliycia in Madre.5 comments
Ayer me oí a mí misma diciéndole a Alejandro una de las frases lapidarias de mi madre:
- “Si no tienes hambre de (cosa saludable, pero poco apetitosa), entonces tampoco puedes tener hambre de (cosa dulce y deliciosa)”
Aún no me he repuesto. En qué me estoy convirtiendo??
Encadenada Jueves, 19 Abril, 2007
Posted by aliycia in Ávida lectora.8 comments
La señorita Kotinussa me ha puesto deberes: copiar el segundo párrafo de la página 139 de un libro que esté leyendo. No me gustan las cadenas que te amenazan con terribles males si no sigues al pie de la letra las instrucciones, a la vez que te auguran la felicidad más absoluta si lo haces. Suelo pasar de ellas.
Esta cadena me parece mucho más interesante. Por eso, agradezco la invitación.
Pero basta de preliminares… De entre los libros que tengo en la mesilla de noche, el elegido es Boy, donde Roadl Dahl (1916-1990) nos cuenta algunas de las peripecias más sorprendentes o divertidas que vivió durante su infancia y adolescencia. Entre sus páginas puede rastrearse el origen de libros tan mágicos y políticamente incorrectos como Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate, recientemente llevados al cine.
El párrafo que se me pide, dice lo siguiente:
-
- Ajajá…! -exclamó, echando humo por las narices-. No hay nada como una buena pipa después de un baño reconfortante.
Para que pilléis la gracia del asunto, creo conveniente mostraros un párrafo previo, donde se nos cuenta la broma que Roald, por entonces con nueve años, decidió gastarle al novio de su hermanastra, de vacaciones con la familia y que a todos, menos a la susodicha, les caía un poco gordo:
“Yo miraba obsesionado la pipa que había quedado allí abandonada sobre la roca. A dos palmos de ella, divisé un montoncito de cagarrutas de cabra secas, todas tan redonditas y renegridas como pequeñas aceitunas, y en ese mismo punto comenzó a despuntar en mi mente una interesante idea. Recogí la pipa y, con unos golpecitos, la vacié totalmente de tabaco. Luego tomé las cagarrutas y las desmenucé entre los dedos. Con mucho cuidadito vertí en la cazoleta de la pipa estos excrementos desmenuzados, atacándolos con el pulgar exactamente como había visto hacer siempre a nuestro viril enamorado. Concluida esta operación, puse encima una fina capa de tabaco auténtico. La familia entera me había estado observando. Nadie decía una palabra, pero yo podía percibir muy bien un aire de general aprobación. Volví a dejar la pipa en su sitio y nos quedamos todos esperando el retorno de la víctima…”
Vale la pena hacerse con el libro para conocer el desenlace de la broma del tabaco de cabra y algunas otras. Eso sí, que sea una edición que incluya las ilustraciones de Quentin Blake, complemento imprescindible de las (algo gamberras) obras de Dahl para niños (que los mayores adoramos).
Confieso que me gustaría saber lo que andan leyendo Rous, Epoptek, Oren o Maggie (a la que, a falta de blog, le ofrezco este espacio para publicar su post). Voy a darles un toque. Ni siquiera sé si ya han sido encadenados.
Sábado por la mañana Sábado, 14 Abril, 2007
Posted by aliycia in Madre.6 comments
- Hueles bien.
- Si? A qué huelo, amor?
- Hueles a mamá.
Lo abrazo fuerte y me lo como a besos.
Mika Sábado, 14 Abril, 2007
Posted by aliycia in Bailona, Cantarina.add a comment
Qué os parece el morenazo? Es mi último descubrimiento. Se llama Mika. Nació en Beirut hace 23 años. Huyendo con su familia de la guerra del Líbano, pasó por sitios como Kuwait o París, antes de establecerse definitivamente en Londres.
Me topé con su vídeo Grace Kelly hace unos días, por pura casualidad, haciendo zapping. Y ya sabéis como es lo del mando de la tele. Puro vicio. Si me detuve y me quedé viéndolo fue porque su cuerpo delgado, su pelo y su forma de moverse me trajeron a la memoria a mi amigo Carlos (el que se casó en Hamburgo el pasado mes de Noviembre). Luego, a medida que fui oyendo la canción, me di cuenta de que aquel chico iba a dar mucha guerra. Era un nuevo Freddy Mercury. Hoy sé que un grupo de expertos en el tema, consultados por la BBC, lo consideraron, de hecho, el artista más prometedor del 2007.
Pop del bueno, con toques de Prince y de Scissor Sister. Es imposible dejar de tararear ese estribillo:
I could be brown
I could be blue
I could be violet sky
I could be hurtful
I could be purple
I could be anything you like
Gotta be green
Gotta be mean
Gotta be everything more
Why dont you like me?
Why dont you like me?
Why dont you walk out the door!
Gente nueva hay mucha. Y en un videoclip salen todos guapos y afinados. Pero Mika no me parece uno de esos productos comerciales fabricados por una discográfica. Su gran talento como músico resulta evidente aquí, sin red: al piano y en directo; no sé qué opináis, pero yo lo veo a la altura del mejor Elton John. Me encanta. Incluido el “chiiiing… ah!” final. Si consigue aguantar la presión y mantenerse en el mercado unos años, comenzará a hacer cosas verdaderamente interesantes.
Si ese tema os ha sabido a poco o queréis conocerlo mejor, aquí o aqui podéis escuchar otros temas su primer album Life In Cartoon Motion.
ACTUALIZACIÓN (16/04/2007): Me acabo de enterar por un artículo de El País de que Grace Kelly es un éxito que se fraguó en la red. Antes de que Mika tuviera un contrato discográfico, medio millón de personas ya lo habían oído gracias a su página en MySpace. Vamos, como lo que le pasó al Koala, pero quitándole la parte cateta, jejeje… Por otra parte, ayer, viendo el telediario de la TVE internacional, supe que el sábado pasado Mika dio en Madrid el único concierto que tenía agendado en España y que, antes de la llegada del disco a las tiendas, ya habían colgado el cartel de no hay entradas. Y yo que creía haber descubierto a un semidesconocido!!!
Qué les estamos haciendo? Viernes, 13 Abril, 2007
Posted by aliycia in Madre, Profesora.2 comments
Tengo una clase de español los miércoles que me viene muy mal. Empieza a las 19:15 y mi clase anterior acaba a las 16:30. Como la academia está en una ciudad a unos veinte minutos de mi casa, no me compensa andar yendo y viniendo. Mi marido tiene que salir antes de su trabajo para recoger a Alex y a mí me toca pasarme esas casi tres horas haciendo tiempo y sin cobrar un duro. Todo porque un profesor dejó su puesto en febrero y personas que aprecio me pidieron que les hiciera el favor de sustituirlo hasta que acabara el curso. Me hacía ilusión tener alumnos no adultos (ocho, alrededor de los 14 años) y pensé que aguantaría bien estos cuatro meses. De hecho, me ha ido estupendamente con la mitad del grupo. Con la otra mitad, la cosa se ha ido complicando.
Después de estar todo ese tiempo esperándoles, porque no existe la posibilidad de cambiar la hora de la clase, suelen aparecer tarde, comiendo, sin parar de hablar (en portugués) y entretenidos con el último gadget que les han comprado sus papás. Además, pretenden asistir a la clase sin tener que sacar ni un boli para tomar apuntes o hacer una ficha.
Ya me habían advertido que este grupo adoraba al anterior profesor, jovencito, porque no les hacía exámenes ni nada parecido. Me olió raro. Al principio, intenté seguirles el juego, para que no notaran mucho el cambio. No estuve de acuerdo con que nos pasáramos la hora jugando al “scrabble en español” y cosas parecidas, pero sí intenté que aprendieran algo nuevo con vídeos de música y actividades divertidas, que les podían ayudar a ampliar su vocabulario. Bastaba con que pusieran un poquito de interés. El resultado fue desigual. Cuatro de los chicos me siguieron de lo lindo, participaron y se mostraron agradecidos cuando les hice ver cuánto valoraba su esfuerzo. Los otros cuatro comenzaron a intentar boicotear la clase, a ridiculizar el afán de aprender de sus compañeros, sus conocimientos, sus ganas de aprovechar el tiempo.
Una duda me empezó a martillear la cabeza: Para qué coño venían esos cuatro al final del día a una clase de español, que ni era obligatoria, ni les iba a dar un título de nada?
Este miércoles, harta de mandarles callar y de ver como, un día más, no podía cumplir con el programa que llevaba para ese día, me planté y les dije que si la cosa no cambiaba, tiraba la toalla y se quedaban sin profe. Podría alegar motivos médicos. El embarazo y demás. La miseria que me pagaban por esa hora (12,50 euros) no compensaba la tarde completa perdida, sólo por hacerle un favor a mis jefas. Me daba igual que la líder del grupo complicado fuera, precisamente, la hija de la directora.
Diogo, el chico del grupo se quedó callado. Bea y sus dos amiguísimas justificaron su cansancio e incapacidad de concentración contándome lo que habían estado haciendo desde las ocho de la mañana. La retahila de actividades escolares y extraescolares que forma parte de su día a día me puso los pelos de punta. Me estresé sólo de oírles relatar esas doce horas diarias de no parar de correr, del colegio a la escuela de equitación, la piscina, el inglés, el francés y las clases particulares de matemáticas. Comprendí que lo que buscaban en mi clase no era aprender español, sino poder pasar una hora agradablemente sentadas, charlando, riéndose por todo y por nada y sin hacer ni el huevo. Era una oportunidad rara, que mi predecesor les ofrecía; de ahí que lo quisieran tanto.
De repente, me vinieron a la mente mis catorce años. Era la mejor de la clase y, aún así, tenía tiempo libre para leer, para ver mis series preferidas, para pasear, ir al cine o tontear con los chicos del barrio. A veces, nos pasábamos las tardes sentadas en un banco sin hacer nada, tan sólo comiendo pipas, pendientes de que apareciera, aunque fuera un instante, uno de los guapos gemelos que nos tenían locas. Y ese “tiempo perdido” no me hizo ser menos que nadie, quedarme atrás en una carrera que, por lo visto, ahora los padres quieren que los hijos empiecen en cuanto entran en la guardería. No pasa nada si a los diez años no te has convertido en un gran atleta políglota, tan habilidoso con un violín, como con un teclado y un ratón. Cosas como tocar el piano pueden ser un placer si las clases son un momento esperado durante toda la semana y no el enésimo compromiso del día, uno de tantos.
Yo, que me he matado de estudiar durante años, estoy convencida de que lo mejor de mí se ha forjado fuera de las clases, en el tiempo libre compartido con la familia, con mis parejas, con los amigos o en soledad. Es algo esencial.
Recuerdo haber tenido un puntito de envidia en el Instituto, cuando mis compañeros de estudios de familias más acomodadas me hablaban de sus clases en el Instituto Británico o en el Conservatorio. Era consciente de que podría haber dado más de mí con ese estímulo extra un par de veces por semana, pero para la mayoría aquello era algo impuesto por sus padres y no un hobby. Yo, sin embargo, saqué tanto o más provecho que ellos de mi mediocre inglés, que me permite comunicarme con gente de todo el mundo; de mis tardías clases de alemán, que me abrieron la puerta de la increíble experiencia Erasmus; por no hablar del portugués aprendido lejos de las academias y habiendo ya cumplido 25 años, un idioma que me cambió la vida, sobre todo, desde que comencé a usarlo para decir “te amo”.
Mis alumnos me aseguran que “nadie” les obliga a asistir a todas esas actividades-extra. Pero conozco a sus padres: son personas con cargos de responsabilidad, adictos al trabajo y a un cierto nivel de vida. No deben de parar en casa más que para dormir, y no siempre. Para que no se note demasiado su ausencia, nada mejor que sobrecargar la agenda de sus hijos con actividades que los mantengan entretenidos durante su larga jornada laboral. No les obligan a ir a nada en concreto, pero les presentan una larguísima lista de opciones para rellenar su tiempo de ocio sintiendo que ha sido elección de ellos, no una imposición. Y les graban en la cabeza ideas como que es vergonzoso llegar a adulto sin hablar inglés a la perfección, que si no dominan la Informática y varios idiomas-extra lo tendrán crudo cuando entren en el mercado de trabajo o, en definitiva, que pasar algún tiempo sin hacer nada es malgastar la vida, algo que te condenará a la atrofia mental, la pobreza y la infelicidad.
He decidido replantearme el contenido de las clases. En este momento, me importa poco que esos chicos aprendan a conjugar el Pretérito Indefinido. Tengo un mes y medio para intentar abrirles los ojos, usando el español como mero instrumento. Ya comenzamos el otro día. Cuando les hice parar, reflexionar y poner en palabras sus sentimientos respecto a la vida que llevan. Creo que el desahogo les vino bien. A mí me ayudó a entenderlos. Y a vislumbrar la forma de llegar a ellos.
PD: A partir del curso próximo, Alex puede tener en el Jardín de Infancia clases de Música, Inglés y Gimnasia. Ahora me toca mojarme a mí haciéndole frente al primer impulso: el de apuntarle a todo, porque de todo sacará provecho. Adora la música y tiene un oído excelente, como su tío Santi; siendo bilingüe posee unas condiciones fuera de lo común para asimilar otros idiomas y, en estos momentos, es una esponja (además, las clases las da una amiga y sé que son a base de juegos y canciones); por último, es tan activo que le vendría bien una actividad física para liberar energia de forma divertida y llegar a la noche más relajadito. Se admiten sugerencias.





"En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra".
Eugenio Trias, filósofo.