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Que no he parío aún, ¿eh? Lunes, 25 Junio, 2007

Posted by aliycia in Embarazada, Espiritual, Esposa.
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Lo digo porque mi semana de ausencia podría llevar a malentendidos. La cosa sigue pa’lante. Hoy he sentido un tirón que espero que se deba al encaje definitivo de la niña en la pelvis. Un paso más. (Qué dolor, por cierto. Eso, para que me vaya preparando…)

Por lo demás, después de comprobar que todo iba bien en la ecografía de la semana pasada, me quedé bastante tranquila. Ya sólo me falta ver los resultados de las analíticas el próximo miércoles. Tras ello, a seguir esperando.

Si no me pongo antes de parto, mi próxima cita médica será el día 9 de julio, ya en el hospital, para empezar a controlar el bienestar de la niña en mi vientre. El protocolo dicta que, pasadas dos semanas, si no hay novedades, me provoquen el parto. Espero que no haya que llegar a eso; aunque, la verdad, dados mis antecedentes obstétricos, me enfrento a esto como una primeriza. No tengo ni idea de cómo va a ser.

Uno de los motivos por los que no he escrito en estos días es porque mi deseo se cumplió y Paulo vino a verme. Estuve “ocupadilla”… Volver a dormir en sus brazos, sentir el olor de su piel, sus besos, mmmm… qué bien me supo todo. Aunque también resultó algo “peligroso”, porque cuando se acercaba a mí, me empezaban a dar contracciones sin parar. Es probable que la cosa tenga una explicación científica, hormonal, pero prefiero pensar que, lo que pasaba, era que Inés quería hacernos ver que sentía la proximidad del papá. Algo así como un “Holaaaa, estoy aquíiii“.

El próximo viernes cumplo 38 años. No quiero que mi marido vuelva a hacer tantos quilómetros tan pronto. En breve tendrá que venir pitando de todos modos. Así que no planeo nada romántico. Tan sólo, pasar el día en familia. Regalarme algo, tal vez. Y seguir esperando. A Inés. A Paulo. A mi nueva vida.

Dicen que el que espera, desespera. Pero no hay espera más bonita que ésta. Una cuenta atrás cargada de miedos, de ansiedad, pero también de alegría contenida. Esa misma que estallará en breve, en mi corazón y en el de todos mis seres queridos, dándole la bienvenida a un nuevo miembro de la familia. A nuestra chiquitina, que cada noche me hace sentir la proximidad de nuestro reencuentro.

Reencuentro, sí, porque yo creo que nuestra principal misión en la Tierra es evolucionar, ser cada vez mejores personas. Y para ello, reencarnamos una y otra vez, lo que hace que nuestras vidas se entrelacen sin que la muerte sea el fin de nada, tan sólo una transición; como el nacer. Esta vez me toca a mí representar el papel de madre y a Inés, el de hija. Las dos creceremos juntas y aprenderemos la una de la otra. Como seguramente hicimos en el pasado; como seguramente haremos en el futuro. Encarnadas en otros cuerpos, relacionándonos de forma distinta, voluntaria y pactada.

Pocas veces nos paramos a pensar en el honor que es que un ser de luz te elija y, tras renunciar temporalmente a su autoconsciencia, se entregue a tus cuidados bajo la forma de un bebé indefenso, completamente dependiente de ti. La responsabilidad es abrumadora, pero no me asusta. No hay empresa más apasionante, ni que te compense más, humanamente hablando.

Estoy loca por embarcarme en esta nueva aventura, que vendrá a enriquecer mi mundo y el de los míos. Pienso en ello y se me viene a los labios una vieja canción de Silvio, “Se está arrimando un día feliz…”

 

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