Anuncio Importante Domingo, 22 Julio, 2007
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Poco antes de las 23 horas del sábado, Maggie y Epoptek tuvieron que ir para el hospital. Ella tenía 3 cm de dilatación y muchas contracciones. A medianoche la cosa se fue disparando y pidió la epidural para hacer frente al dolor.
Unai nació a las 2:29 horas del domingo 22 de Julio de 2007, con 3,670 kg de peso. Cáncer, aunque por los pelos (¡bieeeeen!).
La mamá y su niño están perfectamente (eso dice el papá). Seguiremos informando.
Sevilla. 45 grados Viernes, 13 Julio, 2007
Posted by aliycia in Cáncer, Embarazada, Friolera, Madre, Noctámbula, Sureña.38 comments
Nunca me ha molestado el calor. No sé si será por haber nacido a finales de junio, en Sevilla, pero es como si tuviera el termostato adaptado a las más altas temperaturas (calor seco; el húmedo me mata). Como es natural, en invierno, me muero de frío.
Desde mi punto de vista, la gente dramatiza demasiado. Para sobrevivir a los 45 basta con cambiar de horarios y tomar algunas precauciones para que ni los rayos solares, ni el calor asfixiante te puedan hacer daño. Buscar la sombra, hidratarse, comer fruta y muchas ensaladas, dormir la siesta, cerrar la casa a cal y canto a la hora del almuerzo y no volver a abrir una ventana hasta la noche…
Además, que hoy no es como antes. El aire acondicionado se ha convertido en algo habitual. Y los centros comerciales, perfectamente climatizados, son una gran ayuda psicológica para quienes, habituados a su paseo, su charla, su cervecita y su tapita, no aguantan tantas horas entre cuatro paredes.
Otra medida esencial es no pasarse la vida con las típicas frasecitas en la boca, como si no hubiera otro tema de conversación (“ojú, hoy va a apretar bien”, “anda que no quema hoy ni ná”, “pues ayer a las doce de la noche hacía tropecientos mil grados y hoy va a ser peor”…). Yo simplemente ignoro el calor. No hablo de ello. No pienso en él. No digo que desaparezca, pero deja de afectarme. Mi madre sigue considerándome una extraterrestre por ser capaz de salir a la farmacia o a buscar algo al super a las cuatro de la tarde, pero ya lo tengo asumido. De todos modos, intento no hacerlo mucho ahora, porque me mira como si yo fuera una embarazada suicida y se me tira al cuello en defensa de su futura nieta. Además, que a esa hora suelo estar roque, con la excusa de estar descansada en el caso de que me ponga de parto por la madrugada.
No siempre me he podido permitir tantos cuidados. Han sido muchos los veranos al sol, excavando bajo una escueta sombrilla y embadurnada de la cabeza a los pies con protector solar para niños (me pregunto si, pese a todo, mi blanquísima y pecosa piel me acabará pasando la factura algún día). La última vez, fue hace cuatro años, en pleno agosto sureño; estaba embarazada de cinco meses y tan pancha. De hecho, sigo sin entender por qué la gente dice que es malísimo que el verano te pille preñada. No noto ninguna diferencia. No me acaloro más, ni se me hinchan las piernas. Y si se me baja la tensión, me tomo una coca-cola bien fresquita y punto. A mí lo que me agobiaba de verdad, cuando esperaba a Alex, que nació en enero, era tener que vestirme y calzarme con aquel barrigón enorme que lo dificultaba todo. Ahora, ropita interior, un vestidito, unas sandalias y pa’ la calle.
Lo digo y lo repito: me encanta el verano. Sólo de pensar en los maravillosos cumpleaños de Inés, bajo la luz de la luna, que vamos a celebrar en mi jardín… Con juegos al aire libre y muchas velitas de colores. O en la playa. O en Disneylandia. Los de Alex son siempre en casa, en época escolar y laborable, junto a la chimenea, que tiene su encanto, pero no es lo mismo…
Pero vamos, Inesita, que a ver si te aligeras, que te quiero cangrejita y, a este paso, me veo con una leona en casa…
Mi amor ha vuelto Jueves, 12 Julio, 2007
Posted by aliycia in Embarazada, Esposa, Madre.4 comments
Mi amor ha vuelto. Ahora duerme, desnudo en nuestra cama. Desde aquí se oye su suave respirar. Nada que ver con el de hace poco, cuando su cuerpo y el mío se reencontraron, hambrientos, tras una larga espera.
Mi hijo también se aferra a las sábanas de su antigua cuna de viaje. A estas horas suele estar despierto. Le sienta bien volver a vivir a caballo entre los dos mundos de los que se alimenta su alma mestiza.
Sólo las chicas de la casa están despiertas. Yo, recién salida de la ducha; el pelo mojado, la piel oliendo a gloria. Inés, atareada con su tabla de gimnasia matinal. Ojalá fuera la última.
Papá está aquí, amor. Ven a nuestros brazos. Haz nuestra felicidad completa.
Cuarenta Martes, 10 Julio, 2007
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10 de julio de 2007. Una cita concertada hace meses. Un punto de inflexión en mi vida. Una meta, un objetivo. La fecha probable de mi parto. Aunque, desde que llegué a Sevilla, dos especialistas se han encargado de ponerla en duda, haciendo sus propios cálculos.
Hace un par de semanas, un tocólogo la adelantó al pasado domingo, pero lo hizo midiendo el fémur de mi hija en la ecografía. Me he ganado la vida durante años estudiando esqueletos humanos y era imposible que me pasase inadvertido un detalle así. Inés ha heredado una característica anatómica de su madre, que le debe su metro setenta a un fémur propio de una mujer más alta. En su caso, de un feto más desarrollado. Error estadístico.
Por su parte, la doctora que me examinó ayer en el hospital, también alteró la previsión inicial. Tomando como referencia la primera ecografía, esa en la que mi niña era sólo un germen de ser humano, concluyó que aún me faltaba una semana para salir de cuentas. Mis reservas, también; pero día más, día menos, lo cierto es que esto no son matemáticas, ni yo he sido nunca un reloj en términos biológicos. Ni mis menstruaciones son regulares, ni mis meses de veitiocho días, por lo que el margen de error es amplio.
En cualquier caso, el simbolismo del día de hoy se mantiene. Mi mente lleva mucho tiempo programada para considerar este martes como el del fin de la espera y el del inicio de la cuenta atrás de dos semanas hasta que me provoquen el parto, en el caso de no haberse desencadenado de forma natural.
Y no sé si será porque la cuenta inicial era la correcta, o porque, de hecho, nuestro cuerpo está dirigido por nuestra mente en todos los casos. Lo cierto es que hoy he tenido un leve sangrado y mis contracciones parecen algo diferentes, levemente dolorosas, molestas, no sé cómo explicarlo.
¿Habré llegado al principio del fin? Lo tengo todo preparado, planificado, y nada deseo más. Ojalá pronto pueda daros la buena nueva. Gracias por acompañarme a lo largo de esta dilatada espera. La que hoy acaba y la espera final de los próximos días. U horas, ¿quién sabe? Seguiremos informando.
La verdad del tópico Domingo, 8 Julio, 2007
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Me parto con Alex. Es la primera vez que pasa tanto tiempo en Sevilla y su español se amplía y perfecciona cada día. Una de las cosas que más gracia me hace es como adapta al andaluz la formalidad en el trato propia de los portugueses.
La semana pasada, alguien llamó a la puerta. Lo atendió mi madre. Yo estaba en mi cuarto y le pregunté a mi hijo con quién estaba hablando su abuela. Mi pitufo de tres años me contestó sin dudar: Con el señor “vesino”.
Ya conocéis el dicho: “Eres más cumplido que un portugués.“
Penúltimo desahogo preparto Sábado, 7 Julio, 2007
Posted by aliycia in Embarazada.8 comments
El final de una larga espera se acerca. Por mucho que intentes pensar en otra cosa, la impaciencia te asalta y las preguntas de siempre insisten en martillearte la cabeza: ¿cuándo comenzará todo?, ¿durará mucho?, ¿soportaré el dolor?, ¿me atenderán bien?, ¿respetarán mis deseos?, ¿llegará Paulo a tiempo?, ¿cómo será nuestra niña?, ¿estará sana?, ¿qué sentiré al tenerla al fin en mis brazos?, ¿cómo reaccionará Alex?…
Si hubiera un botón con el que activar el trabajo de parto, hace días que lo hubiera pulsado sin pensar. Nunca imaginé que desearía tanto que la próxima contracción sea dolorosa; y que le sigan otras muchas, cada vez más intensas y próximas. Pero, de momento, mi útero prefiere continuar con su programa de entrenamiento para el día D, sin que haya aún una fecha confirmada para tal acontecimiento. Inés, por su parte, también se esmera con la tabla de ejercicios habitual: estiramiento de piernas, codazo por aquí, rodillazo por allá… Maniobras con las que mi hija intenta crear algo de espacio extra en su cada día más estrecho habitáculo.
Me consuela pensar que todo apunta a un desenlace cercano. El tamaño y la forma de la barriga; las contracciones y los movimientos de la niña, en una zona cada vez más baja; la humedad vaginal casi permanente; el tamaño y color oscuro de mis pezones… Mi cuerpo rebosa maternidad por los cuatro costados. Y, aún así, cuesta creer que tenga dentro de mí un ser vivo igualito a los recién nacidos que últimamente veo por todas partes, paseando en sus cochecitos o en los brazos de sus seres queridos.
Lo más increíble de todo es que un hecho que se produce todos los días, desde siempre y en todas las partes del mundo, mantenga el misterio y la belleza de algo maravilloso que sucede por primera vez. Las madres seguimos enfrentándonos al parto sin saber lo que nos espera, teniendo que plantarle cara a nuestros miedos más profundos, cruzando los dedos e, incluso, rezando. Porque nada está garantizado. De nada sirven la experiencia previa, los consejos, la tecnología a nuestro alcance, si la suerte está en tu contra. Lo único que puedes hacer es intentar ahuyentar los malos pensamientos y entregarte a tu destino con el corazón lleno de esperanza.
Aún recuerdo el sudor frío que recorrió mi cuerpo hace tres años, cuando, tumbada en una camilla, atada y entubada para que me hicieran la cesárea, miré hacia la izquierda y vi perfectamente colocados sobre una mesa todos esos instrumentos de los que hace uso el equipo médico cuando las cosas no corren bien, con la madre o con el hijo. Por primera vez fui consciente de lo que suponía entrar en un quirófano y si hubiera estado allí por un motivo banal (como reafirmarme los pechos o quitarme celulitis) os juro que habría salido corriendo, arrepentida. Pero el objetivo lo justificaba todo y no dejaba el más mínimo resquicio a la duda.
Por eso mismo, aunque aún no haya asimilado que un ser vivo de tres o cuatro quilos pueda salir de mi vientre sin que me lo abran de lado a lado, aunque le tenga pavor a todo lo que rodea a un parto, al dolor, a la exposición total, a los errores médicos o los accidentes de la naturaleza, aquí estoy yo, a punto de salir de cuentas, harta de esperar y, por encima de todo, deseandito que el espectáculo empiece de una puñetera vez.
Nacer y morir regalando vida Martes, 3 Julio, 2007
Posted by aliycia in Embarazada, Madre, Ser humano.6 comments
No sé cuándo nacerá Inés, pero esta mañana lo he dispuesto todo para que la sangre del cordón que nos une pueda curar a alguien enfermo. A otro niño, tal vez. O a muchas personas, si se emplea en el estudio de las células madre.
Cuando salí de hablar con la matrona, con el consentimiento informado en la mano, me sentí feliz, satisfecha. Pocas veces tienes la oportunidad de hacer tanto con tan poco.
Comprendo que debe de ser una cuestión de falta de medios, pero opino que ese tipo de donaciones deberían ser algo automático. También la de nuestros órganos, cuando morimos. ¿Para qué los queremos en la tumba?
Se podría hacer como en otros países, donde se deja en abierto la posibilidad de no autorizar su uso, por si alguien, por los motivos que sean, prefiere no donarlos; una decisión que debe ser respetada. En los demás casos, se entendería que ese material queda disponible para usos terapéuticos, transplantes o investigación.
La anécdota del día es que mi pobre Alex, que me esperaba junto con su abuelo en la entrada del hospital maternal, se quedó muy defraudado al verme regresar con un simple sobre en la mano. Por lo visto, había entendido que yo, a lo que había ido allí, era a hablar con el médico, como tantas veces le he contado que haré, para que sacase a su hermanita de mi barriga. Y que saldría con la niña en brazos, sin más, jajajaja…
Ojalá la cosa fuera tan fácil…
Treinta y nueve Lunes, 2 Julio, 2007
Posted by aliycia in Embarazada, Esposa, Familiar, Madre, Mujer.6 comments
Mañana cumplo 39 semanas de embarazo. Al compás de los síntomas que anuncian la inminencia del parto, ilusiones y miedos entablan una dura batalla en mi mente. Por precaución, intento refrenar las primeras e ignorar, en lo posible, los segundos.
Lo peor de esta fase es la de gente que te pregunta cuándo vas a parir de una vez. Te jode, porque no depende de ti. Yo soy la primera que está harta de esperar. Nadie, NADIE, está tan deseoso como yo, de que comience el espectáculo de una vez. Procuro entretener mi mente con las últimas compras, leyendo, viendo una peli, paseando, descansando, escribiendo…
Hace mucho que comprendí que la vida se construye a base de ciclos y yo estoy a punto de iniciar uno nuevo.
Tengo dos hermanos, dos chicos. He crecido en un mundo sin Barbies. De pequeña no quería ser bailarina, sino “médico de los de operar”. No era una marimacho, pero siempre me han repelido las niñas frágiles, miedosas, convencidas de que su felicidad dependía de la llegada de un príncipe azul. Yo me he ido de cacería (zapateros, murciélagos, hormigas de las que dan bocaos…) con esos supuestos príncipes azules y eso me ha ayudado a verlos siempre como iguales, no como seres aparte. Nada de idealizaciones. Algo muy sano, creo yo, a lo que le atribuyo mi buen tino a la hora de elegir compañeros de viaje, amigos y amantes.
Inés es la puerta a un mundo nuevo para mí. Escogí a un hombre no machista, ni celoso, que me quiere como soy; que no me obliga, de ningún modo, a ser una de esas muñequitas que se ven por ahí, siempre perfectas, sin un michelín, bien vestidas y maquilladas; una mujer florero. Tuve el hijo que soñaba, un chico que encaja perfectamente con el tipo masculino que me gusta: machote, pero sensible y cariñoso; sociable, pero no sumiso, con ideas propias; aferrado a mí pero, al mismo tiempo, tan independiente como yo. Ying y yang en equilibrio. Y ahora, ese triángulo perfecto, ese mundo masculino que tan bien conocía y donde todo estaba bajo control, va a verse alterado para siempre con la llegada de mi niña.
Pero soy una mujer a la que le gustan los retos y éste me parece apasionante.
Aún no sé bien cómo, pero quiero educarla para que sea una mujer-mujer; no el satélite de nadie. Sin embargo, aquí estoy yo (quién me ha visto y quién me ve) reuniendo una canastilla repleta de ropita rosa y princesas hermosas, de ojos azules y largas melenas rubias.
Preveo que Inés viene a reequilibrarme; a enseñarme la maravilla que es ser mujer, desde el principio. A sacar a flote mi femineidad sin ese miedo que siempre le he tenido a convertirme en un ser frágil, en eso que llaman el sexo débil.


"En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra".
Eugenio Trias, filósofo.