05:41. Por fin he cobrao, ao, ao… Sábado, 22 Diciembre, 2007
Posted by aliycia in Espiritual, Familiar, Independiente, Optimista, Sincera, Trabajadora.trackback
Dios píiiioooo… Qué angustia… Ya tenía el portal de mi banco on-line más visto que la escenita del Rey con Chávez. Y siempre la misma respuesta, aplastante. Saldo disponible: siete eurazos del ala y treinta y cinco céntimos de propina. Un fortunón.
Desde que en Mayo recibí mi último sueldo, he ido estirando al máximo las ayuditas de la familia, el sobrecito del cumpleaños, el subsidio de maternidad que el paupérrimo estado portugués concede (y gracias) a las trabajadoras autónomas, los doscientos euros por los que Paulo se deshizo de mi ex-coche y demás. Inés vino con muchas cosas debajo del brazo (mi Kalos, por ejemplo) pero el cheque de Zapatero, ni lo olimos, por ser residentes en otro estado. En las últimas semanas he sido una auténtica mantenida. Mi cuenta tocó fondo y tuve que tirar de la de mi marido, incluso para mis gastos personales (mi móvil, mi gasolina, mis larguísimas y constantes llamadas a España o mi tinte pal pelo). En mi defensa debo decir que mis dineros van siempre a parar a los mismos sitios: el super (no comen y beben ná mis tres niños… pañales y toallitas aparte), la farmacia (el primer año de un bebé, ya se sabe), C&A, H&M o Zara Kids (que se les queda la ropa chica en ná de tiempoooo…) y la sección infantil de las librerías (leer: un vicio de familia que hay que alimentar).
Ayer me pasé el día visitando chinos en busca de varios regalos ideales por la módica cantidad de 1,75 €. Qué remedio, que el Pai Natal está al caer y la familia portuguesa es mucha. La española, suertuda, con eso de los Reyes, siempre me suele pillar a comienzos de mes y más pudiente.
Quien me lee hace tiempo sabe que, en 2005 y 2006, los meses en números rojos fueron muchos. Pasé un año sin trabajar (fuera de casa, aclaro) y eran demasiados gastos para un sueldo. Varios préstamos, aparte de la hipoteca, (y el niño, por qué no decirlo?) fueron dilapidando nuestros ahorros. Cuando yo comenzaba a recuperar la independencia económica, bingo!: dos puntitos rosa. Por suerte, la indemnización por el despido de mi marido tapó muchos agujeritos y levantamos cabeza. Además, yo conseguí mantener activo mi barrigudo cuerpo hasta el final del curso escolar. Luego, un nuevo disparo de los gastos, ya se sabe. Y eso que el segundo a bordo es, desde que nace, un reutilizador de casi todo: carrito, bañerita, ropita…
En Noviembre, fin de la baja y a volver al trabajo. Pero, claro, para formar grupos es necesario que haya un número mínimo de personas interesadas y mi vida es aún complicada para faltar de casa demasiadas horas. En resumen: de momento, sólo he ido currando tres horas semanales. Para pagar la Seguridad Social y los impuestos y poco más. Pero es mi dinero, es mi dignidad, mi autonomía y, joder, estaba deseandito pillarlo. Tanto que le pedí a la secre que me hiciera el favor de ingresarlo unos días antes o tendría que comprarle el regalo a mi marío con su propia tarjeta, ya también en las últimas y con desempleo a la vista. Nuevas emociones en perspectiva, suspense, emoción… Mi vida, como siempre, carne de blog.
Pero “Ante tal situación, por qué no dejarte de consumismos?” me preguntaréis. Porque yo tengo una teoría. El dinero no es un fin, es un medio. Yo no trabajo para ganar dinero. Trabajo en algo que me gusta tanto que lo haría gratis (que nadie se lo diga a mi jefa). Haciéndolo, me siento bien y hago felices a quienes me rodean. Mi sueldo lo gasto, sobre todo, en los demás. Porque el dinero no debe estar estancado. Debe fluir. Y si haces algo bueno con él, lo recuperarás multiplicado.
Lo primero que voy a hacer hoy, que he cobrado, es ingresar una pequeña cantidad en una ONG, como muestra de agradecimiento. Y devolverle a Paulo los veinte euros que le cogí ayer ”emprestaos” porque esta Navidad, pese a la penuria económica, no quería dejar de tener un detalle con una serie de personas que nos colman de mimos a lo largo de todo el año: mis vecinos, que superan todos la edad de la reforma y también las pasan canutas, pero que están siempre trayéndome fruta, o flores, o huevos de sus gallinas, o manualidades hechas por ellos. Y que no dejan de ofrecerse para quedarse con Inés mientras llevo al niño al cole.
La Navidad, para mí, no es un negocio. El dinero, mucho o poco, siempre te lo acabas gastando. En estas fechas, intento invertirlo, más que nunca, en sonrisas, en agradecimiento, en mimos. Hago balance del año y busco la forma de decirle a quienes han estado conmigo cuánto los quiero. Con un buen regalo o con unas palabras bien escogidas; el efecto puede ser el mismo, depende de la persona.
Os juro que podría pasarme estas fechas sin recibir un regalo y no pasaría nada. Los recibo todo el año. Y en cuanto a lo material, reconozco que es difícil acertar conmigo. Tanto dinero que se han gastado en mí (radio del coche, lector mp3, joyas, etc.) y una de las cosas que más me han gustado en los últimos años ha sido un colgante que no debió de costar más de cinco u ocho euros.
Lo que me hace verdadera ilusión es ver las reacciones de los demás al recibir mis regalos. Los míos o los que he comprado para que otra persona, con menos ideas, se los ofreciera. Y este año, que hay dos niños en casa, qué contaros?
En fin, que he cobrao, ao, ao, y estoy feliz. Paso de comerme el coco con lo poquito que es. Tengo un techo, una familia maravillosa, amigos y un trabajo que me gusta. Si no valoro lo que tengo, cómo voy a atraer más de lo mismo? O dicho a la inversa, para qué lamentarme por lo que podría o querría tener? Si lo hiciera, estaría asumiendo que vivo privada de algo y mi pensamiento reforzaría esa realidad, la grabaría a fuego en mi mente y la reproduciría. De ahí la importancia de controlar lo que pensamos, mantenernos optimistas, buscar experiencias divertidas y la proximidad de personas nos hagan sentirnos bien y sacar lo mejor de nosotros mismos.
Ah, y suerte a todos con la lotería. Yo no juego (al menos, directamente; mi padre siempre piensa en nosotros cuando compra algún décimo). Además, que no hay que abusar. A mí, hoy, ya me ha tocado, a la antigua: “Cincuenta mil peseeeetaaaaassss…”
"En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra".
Eugenio Trias, filósofo.
Buena teoría, la de dar y disfrutar de eso.
No me acuerdo ahora si son los irlandeses los que tienen una costumbre: cuando están “secos” se gastan hasta lo último que les queda en el bolsillo, con tu teoría de que “si no sale, no entra”.
Cuando regalamos como vos porque queremos alegrar al otro no estamos “consumiendo”, consumimos cuando regalamos “para quedar bien”, “mantener las apariencias” o porque “qué va a decir la gente si uno no cumple…”
Besos, y regalos virtuales (que también son tan lindos y alegran tanto…)