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Decoración funeraria y estrategias frente a la muerte Martes, 20 Mayo, 2008

Posted by aliycia in Espiritual, Ser humano.
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Decenas de coches a las puertas de casa. Esta es una zona de adosados bastante tranquila. Cuando hay tanto movimiento, mala señal. El cementerio está aquí al lado y debe de haber muerto un niño, un adolescente o una madre joven. Cuando quien fallece es un viejecito, el cortejo fúnebre es bastante reducido y pasa casi desapercibido. Me alegro de no conocer a mucha gente en el pueblo. Sería doloroso y no tendría excusa para asistir al entierro.

Por lo demás, vivir junto a un camposanto no es nada dramático. La vida y la muerte se entretejen en todas partes, aunque la sociedad occidental se niegue a aceptar la evidencia. Hoy pocas personas admiten que morirse es de lo más natural; suele verse como un accidente. ¿De qué se ha muerto fulanito?, te preguntan. Se le cruzó un loco al volante. O una enfermedad que los ineptos de los médicos no supieron atajar a tiempo (y van a pagar por ello).

Precisamente, gracias a la medicina, hoy el porcentaje de niños, jóvenes y mujeres en edad fértil que fallece en el “Primer Mundo” es tan bajo, que nos hemos desacostumbrado a lo que era el pan nuestro de cada día hasta hace muy poco. Si alguien se muere con más de 80, lo consideramos natural. Si ronda los 60, comentamos “Era tan joven aún“. Una vida truncada cuando no se han superado los 20 es un drama insuperable para la mayor parte de las familias. Enterrar a un recién nacido y, aún peor, a un hijo con el que hayamos convivido, nos parece una aberración, algo contra-natura. La realidad es que, no tener que hacerlo, es un privilegio muy reciente y al alcance de pocos, por el que tenemos que dar las gracias todos los días.

Pero no quiero ponerme dramática. Los cementerios pueden ser lugares llenos de vida. Puede parecer una perogrullada, pero en ellos, no siempre se está enterrando a gente. Ese es el momento más dramático de su existencia y su función primera, claro, pero en el trasiego cotidiano, sin embargo, no domina, precisamente, la tristeza. En todo caso, una dulce añoranza.

De él forman parte esas viudas que se mantienen fieles a su marido más allá de la muerte. La inspección del estado de su tumba y la renovación de las flores, forma parte de su rutina, como ir al super o preparar el almuerzo. Tan normal es ya para ellas que les sirve de excusa para hacer algo de vida social. Algo muy saludable para quienes sucumben a la presión del entorno y no consiguen rehacer sus vidas normalmente. Conozco un caso, incluso, de un viudo y una viuda que sólo se ven (y cortejan sutilmente) cuando van a arreglar las tumbas de sus consortes fallecidos. No se atreverían a citarse fuera de los muros del cementerio, como una pareja normal de personas solteras. De hecho, hacen todo lo posible por coincidir, pero sin que nadie lo note y pueda sospechar que se trata de una cita. Ese ratito cómplice, mientras retiran las flores secas o limpian las lápidas, les alegra la cara y es su principal motivo para seguir viviendo.

Las visitantes habituales, tengan allí a quien tengan, aprovechan la ocasión para saludarse y charlar un ratito con sus compañeras. Cuando se falta varios días hay mucho cotilleo acumulado y lo mejor es acercarse luego a la cafetería para ponerse al tanto de las novedades.

Aunque siempre hay las que viven solas y prefieren seguir así. Se las reconoce por la mirada. Rebosa tristeza. Caminan, comen y duermen, poco, de manera mecánica. Para ellas, la vida es, desde hace tiempo, una simple cuenta atrás. Hasta el día del reencuentro. O del descanso.

Tienen mucho en común con las madres que enterraron su alegría cuando se les murió un hijo. (¿Por qué hay una palabra para el hijo que pierde a la madre, huérfano, y no hay una para la madre que pierde a un hijo?).

Muchas de estas mujeres se enganchan al tema de la decoración fúnebre y acaban estableciendo una especie de competición extraña para ver quién consigue mantener la sepultura o el nicho más bonito, más florido, más limpio. Hay hobbies para todos los gustos y lo importante es mantener la mente entretenida. La prueba definiva se celebra el Día de los Difuntos. Ahí se esmeran al máximo y llegan a gastarse sus ahorros en flores, sabiendo que la audiencia se multiplicará exponencialmente y que el aspecto final de las tumbas de sus seres queridos será objeto de comentarios de admiración o de crítica, que irán de boca en boca hasta el año siguiente.

Volviendo al entierro de hoy, una muerte siempre es triste y, más aún, si nos parece precoz; cada cual ha de encontrar recursos en su interior para hacerle frente. Yo hace unos años encontré los míos. No los busqué, salieron a mi encuentro cuando aún trabajaba como arqueóloga. Ya os lo conté hace tiempo. Estaba excavando en un cementerio paleocristiano y lo esotérico se cruzó en mi camino. Me hice muchas preguntas. Busqué respuestas fuera y dentro de mí. Y llegué a una conclusión: Es comprensible ponerse triste, porque a nadie le gusta dejar de ver a un ser querido. Pero nunca se trata de un adiós, sino de un hasta luego. Para el fallecido, es, incluso, un momento feliz; porque se libera de las limitaciones materiales y porque, al otro lado, están esperándolo con los brazos abiertos personas que lo quieren y de las que llevaba tiempo separado.

Y el consuelo que me dio esa convicción, que no pretendo imponer a nadie, es mi receta milagrosa para ese duro trance, que he pasado y tendré que pasar bastantes veces. Ley de vida.

Un cementerio no es, ni más, ni menos, que una caja de recuerdos; y nuestro cuerpo, tan sólo un disfraz con fecha de caducidad. Yo, esta vez, voy de madre y profesora. Una gran responsabilidad. Pero también una forma de perdurar más allá de la muerte física. Porque nadie muere del todo si sigue vivo en el corazón de otra persona.

Ser solidarios, ayudar, amar a los demás, enseñarles a ser mejores. Dejar huella en quienes nos rodean. Esa es la única forma de rozar la inmortalidad.

Comentarios»

1. Amanda. - Martes, 20 Mayo, 2008

Qué distintas visiones… la arqueóloga ve en un cementerio vida. La psicóloga ve, en el mismo lugar, un desperdicio de restos humanos que debieran haberse donado, todos, a la ciencia. Mi profesor de psicología cognitiva decía que esa diversidad de visiones es lo que conforma nuestra personalidad: la arqueóloga nostálgica observando a las viudas decorar los nichos de sus maridos fallecidos, o manteniendo experiencias más allá del raciocinio; la psicóloga que se prepara para atender correctamente nuevos procesos de duelo. Y todas esas diferencias pueden saberse con sólo mentar un cementerio.

Yo reitero aquí públicamente mi deseo de donar todos mis órganos y de que quemen lo poco que quede. Lo preocupante es que lo que me mueve es el miedo. ¿Qué me pasa, doctora?:
1) Miedo a despertar dentro de un ataúd sellado, tras haber sido dada equivocadamente por muerta. ¡Se me ponen los pelos de punta sólo de pensarlo!
2) Miedo a que unos graciosillos de arqueólogos o de estudiantes de medicina jueguen con mis despojos haciéndome fotos con un cigarrillo en la boca y unas gafas de sol o cosas por el estilo. ¡Un respeto!

Bromas aparte, me parece difícil y admirable la tarea de ayudar a alguien a reconstruirse por dentro tras perder a un ser querido. Las señoras de las que hablaba son ejemplos de como alguien se puede quedar atado a un muerto, en lugar de seguir su vida.

2. Amy - Martes, 20 Mayo, 2008

Con unos tres o cuatro años no tenía conciencia de lo que era la muerte y recuerdo que le preguntaba a mi madre que si después de hacernos muy viejitos volvíamos a hacernos bebés para empezar de nuevo la vida. Os aseguro que con tres años no había leído todavía nada de la reencarnación. Ese día mi madre me explicó que no, que no ocurría nada de eso y que la gente después de hacerse viejitos morían. Y tampoco es que me entristeciera aquello, más que nada porque por aquella época mi religiosidad o mi creencia en Dios era tremendamente consciente y no sé por qué hilé que aquello de la muerte era la puerta de entrada a nuestro encuentro con Él y que no debía causar tristeza ni miedos. El único miedo que me producía con aquellos poquitos años, era pensar en que al morir sola me podía perder y no encontrar el camino. Cuando crecí me di cuenta que todo aquello que yo con cuatro años pensaba ya lo habían pensado otros antes que yo y con unos años más.

Uau, menuda experiencia. Yo sólo creo haber detectado algo así en una amiguilla de Alex, que me contó unas cosas de cuando era un niño y vivía en la barriga de la madre. Ella supongo que no sabe que su madre tuvo que abortar, años antes de ella nacer, porque su primer bebé venía con problemas. Me pregunto si fue un primer intento de encarnar como hijo/a suyo/a, del que aún guarda memoria.

3. kotinussa - Martes, 20 Mayo, 2008

Mis ocho años trabajando en arqueología me han dejado muchas experiencias similares a las tuyas. En esos ocho años excavé, sobre todo, tumbas, porque la necrópolis de Cádiz es algo inmenso con tal cantidad de niveles (desde el siglo VIII a. C. hasta el IV d. C.) que nos ocupaba casi exclusivamente. Pero también excavé fuera de la ciudad, en la provincia, en tumbas desde el Calcolítico en adelante: dólmenes, silos, etc.

Yo creo que es imposible que los que tenemos esa experiencia veamos las cosas igual que otros.

En mi caso, más que el tiempo de arqueóloga, en que me limitaba a excavar y estudiar las sepulturas desde un punto de vista científico, lo que me hizo reflexionar sobre estos temas fue el meterme de lleno en terreno antropológico y leer los trabajos de Aries y Cia sobre la evolución histórica de las prácticas funerarias y de la propia idea de la muerte y del más allá. Un tema interesantísimo, sobre todo, si lo cruzamos, como yo solía, con la información real que se obtiene de los cementerios con técnicas de tipo forense.

4. Ali y Cia - Martes, 20 Mayo, 2008

QUÉ INTERESANTES VUESTROS COMENTARIOS!!!! LOS 3!!!!

Si no tuviera a mi niña, frita, en brazos y no estuviera guisando a la vez un conejo al ajillo, me quedaba aquí sentada a charlar más del tema…

5. Mikhon - Miércoles, 21 Mayo, 2008

Quizás la cercanía a un cementerio te da esa visión de el. Yo apenas los visito a pesar de tener allí a mis abuelas, pero para mi, una lapida de piedra no es un recuerdo de ellas, prefiero recordad cuando mi abuela intentaba hacernos tortilla de patatas(que lo odiaba porque decía que le salían mal) o cuando mi otra abuela nos reunía a toda la familia en torno a la mesa el día de navidad (que desde que murió dejamos de hacerlo. El nicho, porque no es siquiera una lapida, es solo la pared del agujero que guarda sus huesos, nada mas, así que la ultima vez que fui fue cuando se murió la ultima abuela que me quedaba.

Creo que no hay una palabra para definir a las madres a las que se les mueren los hijos porque eso no es natural, siempre dicen que los hijos han de enterrar a los padres. Supongo que sera por eso.

Besotes

Lo que he contado es un relato hecho desde fuera de ese mundo, como observadora, al principio muy crítica con esas señoras. Ahora las conozco y comprendo que no se consigan liberar de los recuerdos y seguir su vida. Mi visión del tema es muy diferente a la suya.

Yo nunca he ido a visitar las tumbas de mis familiares tras el día del entierro, a no ser el día de otro entierro. Y, hasta ahora, al que le ha caído el marrón de ocuparse del traslado de los huesos de abuelos, tíos y demás, del nicho al osario, a los X años, ha sido siempre a mi padre. Alguien tendrá que ocuparse de eso cuando él ya no pueda o quiera hacerlo. Seré yo. Estoy curada de espanto y conseguiría mantener la distancia emocional necesaria para que las desagradables escenas a las que tuviera que asistir me robaran el sueño o ensombraram mi recuerdo de esos familiares, que también prefiero rememorar como eran en vida.

6. epoptek - Miércoles, 21 Mayo, 2008

la ley de la tierra: todo lo que nace muere,
y todo lo que muere nutre

una buena compañera, nuestra muerte

En Australia hay una tribu que deposita a sus muertos en una cueva donde viven unos gusanos que se alimentan de cadáveres. Esos gusanos son un ingrediente esencial de la gastronomía local. Es un ciclo natural perfecto. Asqueroso, pero perfecto, jejeje

7. Tito Jerebito - Miércoles, 21 Mayo, 2008

Yo veo los cementerios como lugares concretos donde poder desarrollar un proceso de duelo, donde despedirse del ser querido y visitarlo siempre que se quiera. A la muerte suele seguir un canto a la vida, a comer y beber en memoria del ausente sobre todo en la Cultura Anglosajona. En la nuestra no existe refrán más contundente y cruel que “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

A veces entramos en una competición absurda por el ataud, la lápida y las flores más caras, en un pobre intento de marcar una determinada clase social o nivel de vida incluso traspasada esta última frontera: “el tanto tienes tanto vales” tan del gusto de nuestros pintores del Barroco y de esta sociedad capitalista donde sobrevivimos.

Todo esto no son más que las hojas del rábano. Lo que realmente importa es tener la completa certeza de si hay algún resquicio de nuestra conciencia o nuestro alma una vez que morimos. El sempiterno “Adónde vamos y de dónde venimos”. Seguramente sea el mismo lugar.

Yo también creo que no todo termina en el cementerio. Hay algo más, un fenómeno todavía inasible para la Ciencia, pasto de interpretaciones, fraudes y elucubraciones. Es algo lleno de consuelo y de esperanza. Una dimensión que no solemos percibir pero que siempre nos acompaña…

Me encanta aquella frase -tan en boga en programas radiofónicos de misterio- que dice: “Hay muchos mundos, pero todos están en éste”

Y para lo del bollo, nada mejor que los estupendos bares de tapas que hay enfrente del Cementerio de San Fernando, en Sevilla, eh?

En cuanto a esa competición, todo cementerio es una engañosa recreación del paralelo mundo de los vivos, al servicio de éstos y no del muerto. La ostentación puede ser un intento por parte de los supervivientes de reafirmar la posición socio-económica de la familia, real o pretendida; también suele ser proporcional a la mala conciencia en cuanto al trato dado en vida al fallecido. Una simple flor sobre un ataúd suele tener detrás un sentimiento de pérdida mayor que la más grande y lujosa de las coronas.

Y también me gusta esa frase, pero el “éste” lo digo señalándome a mí misma. O lo que es lo mismo: Hay muchos mundos y están en mi interior.

8. Ali y Cia - Jueves, 22 Mayo, 2008

Uff, mi tesis inacabada iba sobre la evolución de las mentalidades en relación a la muerte, así que si empiezo no acabo. Me limito a comentar vuestros comentarios, al final de los susodichos.

Buen festivo, para el que pueda disfrutarlo. Y el que no, ánimo, ya queda menos para el fin de semana!

9. Maricarmen - Jueves, 22 Mayo, 2008

Ali, qué preciosos comentarios te han dejado. Ya no sé qué iba a decir, pero qué más da!
Bellos comentarios, bellas ideas.
Che, pibita, te mando besitos. =)

Sí, ha quedado bonito. Y no te imaginas la de gente que ha pasado por aquí y nos ha leído en silencio. Gracias por no limitarte a leer.
Besos para ti y para todos, los charlatanes y los tímidos.

10. Rous - Jueves, 22 Mayo, 2008

“Ser solidarios, ayudar, amar a los demás, enseñarles a ser mejores. Dejar huella en quienes nos rodean. Esa es la única forma de rozar la inmortalidad”.
….Aunque me encanta tu manera de dar la vuelta a la muerte…al acto natural de morir…del cual está sociedad huye despavoridamente y vive a espaldas…como sino existiera…para mi tu frase absoluta del final…vale…por si misma…este post…

Un beso infinito….

PD-Ayer, estuve en el tanatorio…la hermana de mi mejor compañera en el trabajadora…48 años…cancer de pulmón, antigua fumadora…hacia dos años que lo había dejado….deja una hermana (mi compi, que pierde así a su único familiar directo, sus padres murieron)…y una niña de 5 años….La muerte-y la vida?!?…de la mano van.
Lo siento mucho por tu compañera, pero esa sobrina será su mejor motivo para luchar y seguir adelante. Ella le ayudará a recuperar la alegría y la fe en el futuro.
Alguien dijo que hay quien nace con estrella y quien nace estrellado. Perder a tu única hermana, tras haber perdido a tus padres… qué duro. Conocí un caso parecido. Un compañero de clase al que quise mucho. Huérfano de madre; se le murió el padre mientras él estaba con nosotros en una excavación. Un palo tras otro. Me contaron que se casó, que sigue en la Arqueología, que es feliz. Espero que tenga hijos y la mala suerte, que tanto le hizo madurar, haya pasado.
Intento verlo de otro modo: sus familiares eran buenas personas que ya tenían poco que aprender en este mundo. Acabaron sus temas pendientes y se fueron. No necesitaron 70 u 80 años como la mayoría. Tal vez el principal objetivo de sus vidas fue concebirlo a él y a su hermana, y darles la oportunidad de volver. ¿Quién sabe? Nada es por casualidad.

Beso grande.

11. maggie - Jueves, 22 Mayo, 2008

Pues yo cuando paseo por un cementerio tengo la sensación de que todos los muertos están comentando sobre los vivos que por allí paseamos, que pueden sentirnos y susurrarnos cosas al oido. Que repelús. Así que alguna vez he ido a hablar con mi abuela materna y aunque parezca una locura, me siento escuchada. Me echa cada bronca…

Yo siempre había oído decir a los que graban las psicofonías, que no hay nada más muerto que un cementerio. La energía esa residual que ellos recogen se suele quedar en la casa de los fallecidos o en el lugar donde han muerto. Pero la medium que me abrió los ojos a estos temas me explicó que los espíritus atrapados entre nuestro mundo y Más Allá, pueden decidir volver a su tumba, quedarse por allí si el sitio les es querido. No en vano, ella me habló de la mujer cuyos huesos yo acababa de exumar. La describió como muy religiosa (una especie de monja) y que fue ese sentimiento el que le hizo quedarse . Y nadie le había dicho que era una mujer, ni que los muros entre los que había sido enterrada pertenecían a una iglesia.

Tu entrañable visión del cementerio me trae a la mente una canción también entrañable. Te la pongo en un post aparte.

Cuídate. Y no le eches mucha cuenta a tu abuela… jajajaja…