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A hard day’s night Domingo, 16 Noviembre, 2008

Posted by aliycia in Cáncer, Esposa, Independiente, Madre, No celosa, Noctámbula, Profesora, Trabajadora.
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Sábado. 11:41 de la noche. Aparco el coche. No, no vengo de marcha. No vengo de cenar. No vengo del cine. Vengo sola y de trabajar. Desde las 12 del mediodía. Tenía que preparar un manual para un curso intensivo, que me ha exigido un esfuerzo monumental. Era urgente (pa’l lunes) así que me he pasado el día encerrada en la academia, a solas con el ordenador, la impresora láser y la fotocopiadora. A la máquina de café le debo lo único caliente que me ha entrado en el estómago durante horas.

Nunca pensé que me exigiría tanto tiempo, pero era necesario. Me ahorrará mucho trabajo posteriormente. Le dará a dar de comer a mi familia y ayudará a pagar la hipoteca. A tener una Navidad con regalos que no sean del chino. A pagar el cole, el pediatra, las vacunas que no pasa el seguro. Y libros… ufff, algo que echo tanto de menos. Y ropa nueva. Y un nuevo corte de pelo. Nueva imagen para una nueva etapa, iniciada ayer noche.

Atravieso el jardín, cargada con mi bolso, dos archivadores y el portátil. Subo los escalones que llevan hasta la entrada. Saco la llave a duras penas de un bolsillo del vaquero y la meto en la puerta. Hogar, dulce hogar. Por fin.

La vida da tantas vueltas… Hace cuatro años algo así hubiera sido impensable. Paulo era el eterno ausente. Tenía un puesto mucho mejor pagado que ahora, pero también de más responsabilidad. Se pasaba los días y las noches en la hoy difunta Opel. Entretanto, sin familia cerca, con un marido con el que no se podía contar y con una profesión muy difícil de compatibilizar con los cuidados que exigía un bebé, mi carrera como investigadora se derrumbaba. Y mi autoestima y mi felicidad, se venían abajo con ella.

Ahora, soy yo, renacida de mis cenizas, quien trabaja en horas poco habituales. Y Paulo, con un sueldo más reducido, pero, también, con un horario más racional, es quien toma el relevo al llegar a casa y se ocupa de los niños mientras estoy fuera. Prepara la cena, los baña, les pone el pijama, les da de comer y, a veces, hasta consigue lo que en casa es misión casi imposible: que se duerman. Finalmente existe armonía. Reparto de tareas. Equilibrio.

Quién lo ha visto y quién lo ve… Alejandro, cuando era más pequeño, al verlo entrar por la puerta, corría en dirección contraria mientras lo llamaba “malo, malo”, porque apenas pasaban tiempo juntos y porque solía llegar a casa estresado y de muy mal humor. Sin paciencia. Intratable. Cuando intentaba ayudar, era peor que cuando no hacía nada. Le contagiaba su estado de ánimo al  hijo y, como consecuencia, sus dos y tres años fueron una pesadilla. Las rabietas monumentales eran diarias. Se descontrolaba completamente. Como el padre, hoy mucho más tranquilo, aunque con la misma impaciencia. Pero nadie es perfecto.

Pensaba que todo el mundo ya estaría durmiendo cuando entrase en casa. Pero no. Veo a Paulo, de espaldas, en uno de los sofás del salón. La chimenea está encendida. Es agradable. Voy a soltar mis cosas para darle un beso y… Sorpresa! La persona a quien más quería ver en el mundo, está completamente desvelada. Mi niña asoma su cabecita en medio de un escenario de destrucción total, del que es plena responsable. Está pa comérsela con su andar torpón y esa bata fucsia que le llega a los pies y que le han regalado sus abuelos de Sevilla, para que esté calentita. “Ahora parece tu madre en pequeñito”, suele decir Paulo en plan guasón.

Me acerco a ella, que tira el chupe al suelo y viene corriendo a abrazarme y a besarme. Sé que no es hora para que una niña de quince meses esté despierta, pero últimamente pasamos tan poco tiempo juntas, que bienvenido sea ese poco dormir, heredado de su madre.

Nos sentamos juntas en el sofá e intercambiamos sonrisas, mimos y caricias. Me sorprende lo que ha crecido. Siento como si llevara tres meses sin mirarla de verdad, siempre con prisas, siempre medio zombie por la sobrecarga de trabajo y la falta de descanso. También me pasa conmigo misma. Hace semanas que no me miro en el espejo, aunque me ponga delante y mi imagen esté ahí, y me sirva para peinarme o lavarme los dientes.

Inés pega su carita a la mía y me da uno de esos abrazos suyos que la están haciendo famosa en la guardería. Me dicen que pone los pelos de punta el modo en que lo hace, siendo tan pequeña. Es verdad. Es sorprendente. Y que, aunque cabezota y con una fuerte personalidad, se hace querer enseguida, porque es, a la vez, toda amor y ternura.

Y yo, claro, reboso orgullo maternal cuando me dicen´eso.

Carne de mi carne. Mi cangrejito. La medicina que necesitaba mi alma al llegar la noche de tan duro día.

Comentarios»

1. joaki - Domingo, 16 Noviembre, 2008

Es precioso verte tan feliz en tu nueva etapa. No soy familiar tuyo, y por tanto, no soy el mas indicado para comentar temas tan personales, pero como, por experiencias personales, se lo dificil que es conseguir esos cambios que comentas en tu, en vuestras vidas, solo puedo felicitarte y decirte que debes, debeis estar muy orgullos@(s) de los objetivos cumplidos.

Besitos y feliz fin de semana con la familia. :-)

2. Ali y Cia - Domingo, 16 Noviembre, 2008

Me temo que, de momento, yo estoy más satisfecha que mi marido. Pero es sólo cuestión de que encuentre una empresa más motivadora que aquella en la que está trabajando ahora. Dentro de unos meses, con mi sueldo como red, se sentirá más libre para poder arriesgarse a probar en otra, sin que el salario sea el criterio principal, porque no es de eso de lo que depende la felicidad.

Suerte con tus/vuestros objetivos. Devagarinho, vai-se longe (=despacito, se llega lejos).

Besos.